
Se los queria compartir ... - Renata -...

Me siento mal. Mal de muchas maneras, todas mezcladas, y todavía no se cual de todas es más preocupante. Con los nervios hechos trizas, una descompostura de una semana causada por el stress y una importantísima decepción conmigo misma.
Argh! Odio sentirme decepcionada, esa clase de decepción en la que tu conciencia te grita “Viste, boluda? No te lo había advertido ya?”. Y si, una parte nuestra lo sabe, nos lo recuerda (usualmente ayudada con un montón de opiniones externas del mismo estilo). Pero no, vos mantenés la esperanza a como de lugar, tal vez con miedo a ver el panorama real por que sabés que esperar es mejor que enfrentarse con que las cosas están perdidas…
¿Pero como, no es que sos divina, linda, buena persona? “Ah si, pero…” y siempre hay un pero que nos deja hecha trizas, sin saber en donde metiste la pata tan descomunalmente para sentirte una basura y sin la autoestima que ya de por si cuesta conseguir y se hace imposible mantener en estas ocasiones.
Y te repetís como un salmo: “es un imbécil”, “el se lo pierde”, “me merezco mejor”; pero al final del día cuando te acostás lloras como una tarada por que podes merecerte mejor, pero elegís eso que no se da cuenta de lo afortunado que es tenerte a su lado. Lloras durmiendo, llorás en la mañana y te levantas con ese nudo en el estomago que sentís te corta el aire (lo bueno de esto es que por lo menos perdés peso). Prendes la computadora y ves que si! Se conecto! Pero no te respondió el mail, ni te dejó un mensajito offline (ni hablar de un mensaje al celular y mucho menos una llamada), y el gusto amargo que tenés en la boca se hace todavía mas fuerte. Y la única persona que realmente tiene la culpa sos vos misma, por esperar lo inesperable y creer a toda costa que lo que dijo era verdad. Decepción, entonces… por que todo comunica incluso cuando no queremos. Decepción que además no es absoluta, si no que es como un veneno de efecto lento y prolongado… la esperanza tiene esa manía de resurgir justito cuando creías que tenías todo bajo control y que ya habías cerrado el asunto.
Y entonces… que hacés? Con que te quedas de todo esto? El consuelo de saber que las mujeres venimos falladas de fábrica con esto de las relaciones queda corto, porque ni todo el dolor compartido hace que el tuyo se sienta menos. O por lo menos yo lo siento así, que de todas mis amigas y conocidas que me dicen que son todos iguales, que ninguno vale la pena, no me llega lo más mínimo por que yo sigo siendo yo, y por mas que me encantaría lavarme las manos y echarle toda la culpa, se que fui yo la que eligió creer sin medir las consecuencias. Y así quedo, sin saber si prefiero matarlo a él o matarme a mi, mientras trato de descargar la bronca escribiendo y sabiendo que para el final del día las esperanzas van a estar renovadas y voy a encontrar alguna excusa para justificar lo injustificable… para mañana volverme a sentir como una tonta.
Vero

Hoy me decidí. Como todos los días. Apenas abro los ojos, lo primero que cruza mi cabeza es “listo, ya esta, fue, se terminó”; con tanta seguridad que hasta asusta. El problema es que la fuerza de voluntad se va desvaneciendo a medida que pasan las horas, haciendo que mi resolución que parecía tan fuerte en la mañana, se convierta en un simple chiste al llegar la noche y encontrarme de nuevo llorando por él, que esta y no está, que me importa y no me importa.
¿Quién sabe? En una de esas uno de estos días por fin logro poner todo esto en pausa, en un lugar donde no moleste hasta que el vuelva, y yo pueda comprobar si todo lo que estoy sufriendo mientras espero en realidad vale la pena. Mi libertad no libre, una relación que no tiene título, solo una promesa de “cuando vuelva, voy a buscarte”. Ah, frase maldita. Hubiera preferido que me dijera… nada (y de paso, matemos al Messenger, Facebook, e Internet en general, que son los comprobados enemigos de la ansiedad amorosa).
¿Dónde quedaron esos días dónde podía ver las cosas de una manera fría? Y no llorar por cada película romántica, cada canción lenta. Por acá dicen que es bueno, de que por fin me permití sentir. Si, seguro, y el pasto ES mas verde del otro lado. Pero nunca te dicen que pasa cuando de una patada de devuelven a donde estabas antes, que como descolgada no sabes para donde arrancar.
Vale aclarar, que por más de que suene a pobre deprimida, la verdad es que no dejé de salir ni con amigos, ni de conocer hombres, ni de reírme como hice siempre. Pero es como si nada tuviera el mismo gusto. ¿Cuánto puede influir el conocer a una persona, que de un segundo al otro hace que todo lo que usualmente te llenaba, signifique muy poca cosa en comparación? No entiendo el corazón humano. Bueno, creo que nadie lo entiende, y si; se que no queda otra que bancársela cuando duele. Pero puedo quejarme… no?
Ah, debería seguir trabajando. Supongo que este es el resultado de mi débil resolución del día de hoy: descargarme en un blog. Por lo menos subí algo, jeje!
Vero
Era una noche, como cualquier otra, cuando en una de las tantas charlas que solemos tener se nos prendió la lamparita y nos dijimos:
-Porque no contar nuestras anécdotas, vivencias, pensamientos, maneras de ver la vida, estupideces y esas cosas que hablamos cuando nos juntamos, dos o mas (no hay limite para esto, es más, cuantas mas seamos, mas alboroto hacemos), a otras o, porque no, otros.
Aunque no es la intención, seguramente mas de una/o se va a sentir identificado… ¿Por qué?... es fácil, todas hacemos lo mismo, lo único es que a veces nos da vergüenza contarlo porque pensamos, erróneamente, que somos las únicas. O más simple, por que todos estamos locos de una u otra manera.
Y así fue como decidimos armar este espacio en el que le vamos a publicar al mundo un poco de nuestra vida personal y de años de amistad… ¿Cuántos son? Ya mejor ni recordarlo, se pasan rápido y nos estamos dando cuenta de que hemos crecido de golpe y que ya no somos adolescentes (en público al menos…)
¿Por dónde empezar? ¿Decimos quienes somos? Como si se pudiera decir eso en un post… aunque bien podemos contar que somos conocidas como Azul, Renata, Andrea y Vero. Con el tiempo, van a poder darse una idea de cómo es cada una, de las diferencias y las locuras que nos unen. Pero por hoy, vamos a terminar nuestra primer entrada acá (que difícil esto de la primera vez, no?). Con algo de suerte, prontito escribiremos de nuevo y no nos sea tan complicado pensar que decir (por que la verdad que venimos discutiendo esto de que escribir por primera vez desde hace un par de semanas… no se para que)
Besos!